3 de febrero de 2019

El lector indeseable

Demasiado satisfecho de sí mismo el lector indeseable se ufana de tanto como sabe. Pasa las páginas con mano delicada que disimula el puño indignado y el dedo acusador. Hasta en el libro más prolijo y en el autor más exigente encuentra el error, la falla humana, el defecto imperdonable. Lee con placer de cazador que atrapa bestias azoradas, con regustos del que saja y corta, con delicias de magistrado y verdugo. No hay texto en que no pueda clavar la uña enroscada del mandarín, el intocable.
            Cuando cierra el libro que ha leído o lo guarda entre otros libros que no volverá a leer, sino sólo para criticarlo, o lo tira a la caja de los que va a vender por nada en la tienda de libros desechados.

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