31 de diciembre de 2018

Autores de Labrapalabra: Rebecca Bowman. "Pensamientos sobre Roma"

Una primera impresión de Roma




La película Romade Alfonso Cuarón, es la historia de varias vidas, pero sobre todo de la de dos personasCleo y su criatura, que nació muerta. La primera toma de la película es desde el punto de vista de Cleo e incluye imágenes visuales y sonoras que todos los que hemos vivido en la Ciudad de México conocemos bien: algunas de las primeras impresiones matutinas, las de los baldazos de agua sobre las lozas, que caen normalmente al comenzar el día, cuando se lavan las banquetas y la cochera de las casas de la clase media. Me doy cuenta que uso aquí el verbo en el pasivo —se lavan—, construcción gramatical que no indica quién cumple la acción; más bien la encubre. En este caso es alguien que también normalmente forma una parte, casi imperceptible, de muchos hogares.
Cuarón hace algo tremendo en esta película: poner de protagonista a una mujer que generalmente queda en el fondo de las historias, que en el teatro suele ser solo un tipo, un papel a quien se le da apenas unas líneas, casi siempre de tono jocoso. En este film seguimos los pormenores de la vida de una sirvienta que trabaja para una familia de la clase media alta en una casa ubicada en la colonia Roma, del DF en la década de los setenta, por las fechas en que en esa colonia ocurrió la Masacre de Corpus Christi. Este trasfondo político encapsula la película y entra en la historia en un momento clave para Cleo. 
Los pormenores de la acción se los ve desde el punto de vista de Cleo. Así, aunque la pareja dueña de la casa se divorcia, no descubrimos sobre el asunto más de lo que Cleo, como criada, podría saber. Vemos la casa, la calle fuera de la casa y algunos espacios urbanos a los que va ella, pero nada más. Su vida se centra en el mundo reducido de azoteas, del cuarto de la servidumbre, de la cocina y de la casa en que cumple sus funciones de sirvienta, mundo que apenas lo amplían sus salidas domingueras. Refleja este espacio limitado las inequidades, la arrogancia y las sutiles dependencias que caracterizan las relaciones de la clase media con la clase trabajadora. Cleo lleva charolas, atiende, es un todousos que cuida hasta los pájaros del patio de trasfondo; la que recoge una y otra vez las heces del perro. Es estos espacios —la azotea, la cochera en la que el Galaxy casi no cabe—,los espacios más utilitarios de la casa, donde pasan muchas escenas en la película. Es como recordar a la audiencia de quién depende México.
Al subrayar la importancia de la historia de la criada y la tragedia de dar a luz una hija que nace muerta, Cuarón penetra en el corazón de muchos mexicanos, haciéndoles reflexionar sobre cómo tratan a sus compatriotas en su diario vivir. El contraste entre la enorme finca del hermano en la que la familia pasa la Navidad y el poblado casi despoblado en las afueras de la ciudad, que bien podría ser Cuidad Nezahuacóyotl, donde viven el novio de Cleo y su primo, también remarcan las inequidades.
Nótese que Cleo es recamarera, y por eso entra más en la vida de la familia, en sus espacios más íntimos y tiene un trato más cercano con los hijos que la otra trabajadora doméstica. Al principio se ve que es ella la que más cuida a los hijos: le da el beso de las buenas noches a la niña; viste y también consuela a los niños. La madre no tiene mucha presencia y el padre de familia jamás convive con los hijos. 
Desde el principio se podría suponer que el círculo familiar consiste en Adela, su madre y los cuatro hijos y que el padre no cuenta. En las escenas en la mesa éste no aparece; pero al llegar él todos van a recibirlo como si llegase un rey a un castillo. Evidentemente tiene prioridad entre los miembros de la familia y una posición privilegiada que luego descubrimos no merece. Aunque hacia el final Adela convive más con sus hijos, se siente que la relación es distante. A quien los hijos abrazan —en una de las tomas más íntimas de la película, en el asiento de atrás del coche— es a Cleo, no a Adela. 
Esta película está filmada en un blanco y negro que hace resaltar cada detalle, que le da parquedad y que recuerda a otras películas, algunas de Fellini y de Bergman. Igualmente recuerdan a directores europeos el paso lento, el uso únicamente de los sonidos que surgen de los actos en escena, los contrastes entre la vida doméstica rutinaria en el DF y las rarezas que suceden al visitar la familia a unos parientes en el campo y un ambiente dolcevitesco entre extravagante y decadente, el uso mínimo de metáforas y la sutileza en la intervención de la voz del director. Surgen además ciertas figuras callejeras junto a la casa, el camotero, el afilador y la banda de guerra, que quizá hayan desaparecido y que tienen una importancia que todavía no logro descifrar. Así mismo los aviones que pasan sobre el cielo reducido que alcanza a ver Cleo, aviones a los que jamás subirá, también tienen importancia.



Enfocándose un poco en Cleo, pienso en lo solitaria que es. Nunca vuelve con su familia, apenas la menciona: una vez, cuando respondiendo a la cocinera quien le cuenta que su madre perdió la casa, dice que en su estado no podrá volver a verla; otra vez, al llegar a la finca de un pariente de la familia y decir que el paisaje le recuerda a su pueblo. Lo más cercano a un familiar que Cleo tiene es la otra mujer contratada por la familia y una mujer que la trata con mucho cariño al llegar al rancho visitado. Hay, cerca del final, un trato más cariñoso entre Adela y Cleo, quizá porque se encuentran en situaciones de abandono similares, y los hijos de Adela quieren mucho a Cleo y viceversa; pero no deja de ser una relación de no iguales en la que una puede en cualquier momento ser despedida. 
El trato impersonal en el hospital cuando Cleo tiene su bebé, la falta de cualquier anestesia, el dar a luz en tándem con otras mujeres, el poco tiempo que se le presta tanto en atenderla a ella como en permitir que se despida de su hija muerta y el pretexto que da el padre de la familia para no seguir con ella muestran otras injusticias que muchos mexicanos dejan, por su ubiquidad, de percibir. Inmersos estamos en un sistema tan lleno de injusticias que las tomamos como una realidad necesaria e inescapable, y pensamos que así quiso el mundo Dios. Ojalá que al registrar estas injusticias, al enmarcarlas y dirigir nuestros ojos hacia ellas la cámara de Cuarón ayude a que el sistema cambie.
Cleo nunca sabrá por qué murió su hija, y no lo sabemos tampoco nosotros. Si fue por los eventos que precedieron al parto, con lo que podría uno inculpar a la CIA o a Echeverría o a otros que tenían el poder y concluir que la hija de Cleo fue otra víctima del Halconazo. Aunque hubo un adelanto de la muerte antes con la caída del pulque al brindar por la salud de su hija, que parece implicar que ya hubo algo de destino en su deceso. Otro adelanto, que no se percibe hasta después, son los ejercicios de artes marciales que el novio hace en el hotel y que fingen amenazar a Cleo. La coincidencia de que en la represión violenta que encadenó el comienzo de su parto y que estorbó su llegada al hospital se descubriera que entre los halcones se encontraba el padre de la criatura también parece indicar que Cuarón ve aquí la mano de un cielo inexorable que interviene y que tiene que ver más con Cleo como persona que como parte del cuerpo político. En el otro momento en que peligran unos hijos —ahora los de Adela y que Cleo rescata— salen éstos ilesos, lo que es otra seña de las inequidades en que vivimos.
Las canalladas del novio de Cleo se ven dobladas en el momento en que el padre se lleva los libreros, y no los libros, de la casa familiar. Es tan fuerte esta escena como cuando Cleo busca al novio ya embarazada y el otro la amenaza y la insulta llamándola con esa injuria tan común hacia las sirvientas,  gata. En ambos personajes hay algo patético. Se siente que tanto el padre como el novio aspiran a otra vida y no valoran lo que tienen. Hay un dejo de anhelo y auto odio que tal vez surja del ambiente sociocultural y que se reflejan en las tonterías que dice el profesor Zovek.
Celebro el hecho de que esta película, que seguramente ganará premios, incluya actuación utilizando el mixteco y que la actriz principal, cuyo talento es excepcional, sea quién lo habla. Siento, sin embargo, que es cuando la actriz está callada cuando se nota aún más su gran capacidad de expresión. Habrá luego estudios sobre su quietud artística.
Muchas veces al ver Roma pensé en la película medio autobiográfica de Fellini, Amarcord, filmada en 1973, por las tomas en el mar, por el enfoque en algunas escenas domésticas, por la banda de guerra y los ejercicios en grupo de artes marciales con la figura charlatanesca del profesor Zovek y porque el trasfondo del fascismo naciente en Amarcord tiene su paralelo en la “dictasuave” de los años priistas en México. Pero las personalidades en Roma son más deslavadas, menos excéntricas, y el tono del film es más parejo, de una dulzura y ternura diferentes. Se filmó con el ojo despiadado de un observador que descubre todo pero que no se permite el lujo de comentar. Como en Amarcord hay toques cómicos, sobre todo los con el Galaxy que no cabe en la cochera y que poco a poco se va destrozando, pero son mínimos y en general el tono es otro. Quizá tenga que ver el tono con el de uno de mis cuentos favoritos,“Un coeur simple”, de Flaubert, que también cuenta con una voz despiadada y a la vez tierna la historia de la vida de Félicité, una sirvienta que pasa toda su vida con una familia. Siento que la película Roma, al igual que este cuento de corazón sencillo, será duradera.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario