8 de noviembre de 2018

Por la mañana

Me he dado tiempo esta mañana para tomar unas notas y he estado escribiendo afuera, al aire libre, sentado en el banco del jardín, junto al rosal en flor, enfrentado al paisaje que hoy desaparece tras la niebla matinal. Viene la niebla del mar y se irá disipando a medida que avance el día; no alcanza a enfriar el aire y se está muy bien en la calma aromática de la primavera. 



Huele bien el jardín. Corre una muy leve brisa que mueve apenas las ramas del damasco cargadas de frutos que ayer no más eran diminutos y hoy son como gemas de color entre las hojas verdes. 






La brisa también hace avanzar a la niebla entre el follaje oscuro de vegetación nativa que, intacta en medio de la ciudad encaramada, cubre las lomas inmediatas que forman la honda quebrada hacia la que se precipita el jardín.





Poco a poco se levanta la niebla dejando paso al sol.

Cantan los pájaros, cerca y lejos. Varios se acercan a comer del plato que el gato dejó a medias vacío.

Desde la ciudad alrededor llega el rumor intermitente de su actividad y el ladrido de algún perro.

Con la niebla que se ha ido se va también la mañana. Por la tarde el viento tendrá el vigor entusiasta de un día de primavera. 

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