29 de septiembre de 2018

Pluma fuente, tinta y papel


—Solamente escribo con pluma fuente— nos dijo Don Baruj días atrás, justificando el no haber aceptado el bolígrafo que uno de nosotros le ofreció para que pudiera seguir escribiendo.  

Lo habíamos visto dejar de escribir —evidentemente molesto al quedarse sin tinta la pluma con que llevaba escribiendo un buen rato—, guardársela en el bolsillo interior de la chaqueta y buscar —sin resultado— en ése y los demás bolsillos, la pluma que suele llevar consigo para estas eventualidades.

Su libreta, abierta frente a él en la mesa, esperaba. Fue al ver que la cerrarla con gesto entre inconforme y derrotado que uno de los meseros se apresuró a ofrecerle el —para don Baruj— burdo bolígrafo con que anota las órdenes de los clientes y con el que éstos, por lo general, firman sus recibos.

Lo rechazó con un gesto de impaciencia que nos sorprendió, por inesperado.

En un descuido raro en él —nos confesó después, algo confundido— se le había olvidado cargar la pluma antes de salir de casa. Además, no traía —también por un olvido— la segunda pluma que siempre lleva por si acaso.

—Escribir —nos explicó— ha dependido siempre de instrumentos y materiales finos —pluma, tinta y papel— que requieren constante atención y cuidado. Hacen del  escribir un arte delicado.

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