9 de septiembre de 2018

La juventud y don Baruj

Entraron al café, a la salida del colegio, un grupo de muchachos y muchachas que ruidosamente se sentaron a beber, apretados alrededor de una sola mesa, sus primeras tazas de fantasía adulta.

Don Baruj--de quien los entusiastas no se dieron ni cuenta de que allí estaba--los contempló un buen rato desde su rincón, haciéndose el miope.

Al acercármele para servirle su segunda taza de té--que no necesita pedirla--se inclinó sobre su libreta y, abriendo apresuradamente la pluma. se puso a tomar una nota.

En esta ocasión debió haber escrito aquello de que "no hay nada más hermoso que la juventud adolescente y su perplejo inaugurarse en ese cuerpo y espíritu que hasta apenas ayer no podían imaginarse tan deslumbrantes. En ella--en la infinita y continua multiplicación de fascinados--se eterniza, perpetuo, todo el fulgor de la vida. Es el momento eterno: ni el antes ni el después importan; ni siquiera existen".


Noté, más tarde, cuando ya los muchachos se habían ido, que el té en su taza, casi llena todavía, se había enfriado.


Fuente Neptuno,,o De la Vida, Monterrey
https://es.wikipedia.org/wiki/Fuente_de_Neptuno_(Monterrey)

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