15 de julio de 2018

Tertulia de café

Qué gratamente irónico esto de un "café electrónico", lugar de la tertulia virtual, contrapartida de ese encuentro real que el café tradicional propiciaba.

Ironía que para algunos es una lástima.

No es asunto, por cierto,  de ponerse a sentimentalizar un pasado del que cada vez van quedando menos testigos, sino comentar el cambio, admitirlo y adoptar las nuevas formas; aunque no resulte tan fácil hacerlo por eso de la formación, el hábito y la poca agilidad de aprendizaje que resulta de la edad y su costumbre y la tendencia de ésta a recurrir al reposo. Si no a la dejadez, que es la alternativa extrema.

Quienes nos formamos y vivimos parte de nuestra carrera profesional en tiempos anteriores a la realización de lo que habíamos ensoñado desde niños en las fantasías futuristas nos fascinamos con la novedad tecnológica a la vez que tropezamos con algunas dificultades y frustraciones de uso. Lo que nos lleva--estupenda oportunidad--a depender de los más jóvenes.

Ojalá la dependencia fuera de mayor amplitud y acabáramos dejando que las nuevas generaciones se hicieran cargo del mundo que les ha tocado heredar de una generación que, como en tiempos de una mitología bíblica de poderes absolutos, sobrepasa los límites de una edad creativa y se escuda en las canas del centenario para apropiarse con senil egoísmo del mundo de los demás.

Preocupante asunto éste de la ancianidad que no se da por enterada de que hay un tiempo para cada acción, que el proceso natural lleva a lo obsoleto en bien del cambio.

Echar de menos el ayer no sirve para nada. Al contrario, obstaculiza.

Pero no se diga que no es grato sentarse un rato en el café de veras a conversar y hacerlo, no con alguien que añora el pasado de un desperdicio y se niega a reconocer el impulso con que el presente se abalanza al futuro, sino con alguien más joven, vital, entusiasmado, que con más o menos paciencia le explique a uno, el torpe carcamal, lo intrincado y nunca bien entendido de las maravillas tecnológicas que, al café de antaño, añade el moderno "café electrónico" de los encuentros virtuales.

Y no se me diga que esto que acabo de escribir y ahora lees no es un ejemplo estupendo de las múltiples posibilidades que nos ofrece este nuevo aleph, nudo del universo.





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