9 de julio de 2018

De la risa y el desencanto

--"El desencanto", me escribía un amigo en respuesta a algo que le habré confesado casi sin darme cuenta--nos dice don Baruj--"suele ser síntoma de que nos hemos tomado la vida demasiado en serio". 
--Razón tiene--interrumpió a don Baruj el de siempre. --La seriedad, y lo digo a riesgo de ser repetitivo--farsantea--, es asunto que no ha de tratarse en serio.

Algunos nos reímos.

--Agregaba mi amigo, con su humor oscuro--continúa don Baruj--, que había leído "en una lápida en cierto cementerio" este irónico epitafio: Bueno, visto desde aquí ... no era pa'tanto. Algo sabrá, que nosotros no sabemos, el enterrado.

No creo que haya dicho esto último don Baruj para que nos riéramos tan estrepitosamente como lo hizo más de alguno.



--"Además de procurarnos el pan nuestro de todos los días", propone en sabio tono doctrinal mi amigo--ironizó don Baruj--, "debemos procurar reírnos de todo aquello que nos parezca serio". Consejo que ha de tomarse en cuenta, aunque no demasiado en serio, por cierto, sobre todo por aquello de que se ha de "procurar", que apunta a las consabidas improbabilidades.

Nos quedamos pensando en a qué se referirá don Baruj con eso de lo improbable.

--En ello, en procurar reírse de casi todo está--según mi ponderado amigo--"el único antídoto para las cosas serias". "La risa", concluye, tal vez demasiado seriamente, "es el eco sagrado de todo lo que es bueno, justo y necesario en nuestra vida".

--En ello, en procurar reírse

Rara, si alguna, es la vez que hemos visto a don Baruj reírse.




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