22 de febrero de 2017

Poemas de Carlos Ardavín Trabanco

17:14 By Santiago Daydi-Tolson


De la costumbre del otoño

El otoño arriba con su equipaje
de hojarascas y cenizas.

El silencio es apenas una hormiga
dormida entre las horas vacías de octubre.

La brisa acaricia los álamos tristes:
siento en el cristal de mi ventana
el aleteo breve de sus ramas,
cual perfumadas y extrañas palabras.

Visión de Ariadna

Desearías, ¡oh cuánto desearías!
preservar su edad,
habitar con ella una inmensa burbuja.

Pero el tiempo y sus ardores os persiguen;
implacable, el otoño se avecina.

Ariadna se ha dormido:
la observas, la abrigas.

En sus labios de princesa
surge una leve sonrisa de alegría.

La soledad

Dádiva es la soledad
de un dios lejano y misterioso.

Desconozco su nombre, su rostro lo ignoro.

Tan sólo el silencio de su voz
deja una rara estela en mi memoria.

Me consagro a la soledad.

Entre libros y folios me consumo
--sacro fuego--

Y mis pensamientos de entonces
un frágil rumor de palabras.

La madrugada me alcanza,
ensimismado y callado,
frente a unas páginas blancas.

Lejanía, tiempo

Caminamos cogidos de la mano,
como dos adolescentes extraviados
en el mar inmenso del olvido.

El tiempo y sus arcanos,
la lejanía,
o esta extraña melancolía que nos separa,
poco nos importan ahora.

Vagamos,
y el silencio nos devuelve
el eco triste de nuestros pasos
sobre la incipiente hojarasca del otoño.

Foto

La foto resurge ahora
de un pasado remoto que te pertenece,
para entregarte, intacta,
el fulgor de tu mirada adolescente.

La observas: los labios cerrados,
las cejas pobladas,
el pelo negro y copioso,
el matasellos sobre el rostro pensativo.

Todo es ya pasto del tiempo,
de la distancia y el olvido.

Guardas la foto entre las hojas de un libro predilecto,
mientras la tarde palidece afuera,
delicada y parsimoniosamente.

Tras el cristal empañado de la memoria,
llovizna o tal vez nieva.

La foto fue tomada
--según caligrafía en el reverso--
en una Salamanca inverniza,
hacia 1986.

De Diario de una ausencia

3

despierto y encuentro su blanco silencio...
la casa alberga todavía su olor,
sus intactas huellas adormecidas
la dulce memoria se ha detenido
en una fotografía sin fecha,
en unos gestos que se desdibujan
tras la luz cenicienta de esta tarde
miro el breve jardín que cultivaste:
solitarias sus rosas languidecen

8

no existe el alma,
ni el espíritu que invoco en la noche
sólo existe esta nada que me atenaza
y que a veces me impide pronunciar tu nombre:
madre


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Miércoles 22 de febrero, 2017

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