9 de febrero de 2017

Autorretrato de Alejandro Rosales Lugo

09:57 By Santiago Daydi-Tolson

Entre las innumerables contribuciones diarias que Alejandro Rosales Lugo ofrece con su "Crónica urbana", Labrapalabra ha considerado adecuado reproducir una de las más recientes, "Autorretrato"

En este día, recorro mi universo como si fuera el espejo de agua de Narciso, que tiembla en mi mirada al paso de los años.

Soren Kikergard, el filosofo del "temor y el temblor", me advierte de mi condición humana y de mi dependencia del marco divino, aun en la libertad de mi existencia, que la creación artística subleva.

Temor ante el  cielo y el significado de lo divino. Temblor del ser humano que plasma su existencia pasajera.

El artista, dentro las peculiaridades de la vida, cabalga como un Narciso en las inquietas aguas del espejo como en un pasto de cristal frágil y emocionante.

El autorretrato revela el poder del corazón, la angustia del alma, y resume las vanidades propiciadas por el egoísmo y el poder creativo.

La locura ya ni es la misma y poco a poco, las "veladuras " de los años quedan como transparencia en el encaje de la tela que va envolviendo a modo de mortaja.

También, en las manos resaltan las venas y los brazos; y las piernas con sus pies flaquean.

Se camina al cadalso, a la plaza donde un jurado anónimo empieza a señalar a la manera de los romanos el "vida" o "muerte".

Parece una ironía, pero cuando se es dios en los sueños, en la memoria, en la facultad creativa, el poeta y el pintor tiemblan ante lo adverso y ponen sus manos al rostro del suplicio.

Somos pequeños dioses--lo dice Huidobro--que actuamos la comedia con un reparto de amigos, de familia, de querencias; que hacemos belleza o lo que presumiblemente son obras estéticas.

Bien, hoy es un día más que me canto--como Whittman--a Mí Mismo.

En las aguas turbulentas de un Narciso impostor.

Porque no tengo el poder de mirarme del todo, en mis errores y aciertos.

Pero si la sinceridad de ir con mi cabeza alta a los confines extraordinarios que la existencia me brinda y que disfruto con ustedes.

Pero revela también la generosidad de Dios al permitirme ser poeta y pintor y asumir mi condición humana, la que me toca recrear a diario buscando y encontrando las fuentes de mi creación.

Sin duda suena a vanidoso, y por lo tanto torpe, hablar de aquello ante la realidad del espejo que delinea mis arrugas y cuenta mis adversidades y las tragedias cotidianas.

Se  aprende a ser viejo en el arte difícil de vivir, si me atengo a André Maurois.
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Miércoles 9 de febrero, 2017

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