11 de enero de 2017

Seis poemas de Francisco Marcos Marín

14:00 By Santiago Daydi-Tolson

Seis poemas de Francisco Marcos Marín
 
Alifato




Alif

Enigma, el fin comienza,
Quedan atrás su rostro y sus cabellos.
Se abre la relación, marfil mojado,
Humedad entre dientes,
Despejando la niebla de su boca.


Ba

Un sitio para estar en su silencio,
Colinas entrevistas, sugerencias,
Todo cabe en su mano y en sus ojos,
Los caminos devuelven a la noche
El peso de su cuerpo entre las sábanas.

Gim

Espalda destrozada por la carga,
Infamia inexplicable, su ternura.
El puente recupera las orillas
Y cruzan impasibles los viajeros,
Oscuridad del sol los va cegando
Cuando oculta, indiscreta, su mirada,

Dal

Es la línea del barco, de las playas
Rasgadas como nubes esparcidas,
Como naves de mástiles hundidos.
Va subiendo la cuesta en que se ahoga
Rompiendo al pez y al ave su secreto.

Ayn

El ojo es el gran pozo de la luna
En el centro de un patio enjalbegado,
A sus aguas se asoman este mundo
Y los otros, descienden como rocas,
Como piedras silentes en lo negro.


Número primo

Las horas de la tarde se agrupan en memorias
y te duele ese niño que consume silencio.
Has mirado las sombras que el caminante esquiva
y hollado otros umbrales que guardan su respuesta:
las luces de los hombres se pierden sin altura.

Con las manos tendidas, como un ciego camina,
así también te mueves en círculos de brumas,
mientras los prados miran la torre de la iglesia
y las campanas tañen en horas habituales.

¿Quién te pidió permiso para medir el tiempo,
cuando tú no lo tienes y lo buscas en vano?

Simple será el sonido de bronces que te llamen,
ajenos a algazaras, albórbolas y risas,
pendientes solamente de tu paso y su eco
en aquellas preguntas que evitan responderte.

Enseña a los trigales que la brisa acaricia
cómo esperar el día en que todo germine.
Anuncia a quienes oyen el vuelo de las aves
que quedarán vacíos los nidos en los páramos.




Los barcos hacen sonar sus sirenas

En el puerto de Bremen duermen todos los barcos
y danzan las sirenas entre las nieblas dulces;
envuelven en su abrazo los amores ausentes,
buscan en la distancia la luz del faro amigo.

¿Qué extraña primavera me abandonó en el muelle,
cambiado de hemisferio, del ruido ensordecido?

Hay un barco que zarpa llevando la respuesta,
es una forma gris que se oculta en la sombra
y que corta las aguas donde tiemblan los peces
porque no reconocen ese cuerpo que huye.

¿Qué extraña primavera provoca este reposo
formado en el vacío que la nave abandona?

Soy el viajero que huye con el barco en silencio
o soy quizás el otro, que permanece en tierra,
o el hombre que, entre sueños, se imagina en la barca
que lleva a imaginarios guerreros invencibles.

¿Qué extraña primavera ha llenado mis labios
del perfume granado de una boca lejana?

Espacio ausente

Sobre el mantel la leve gota oscura
Es sólo el eco breve de la copa,
Como el hueco vacío de la almohada
Es un espacio ahora sin imágenes.
Las manos ya no sienten otras manos
Ni los cuerpos se buscan como entonces.
Aunque estamos aquí: seguimos vivos
En los mismos lugares que dejamos.

¿Es quizás la ilusión la que nos hace
Imaginar las cosas que ocurrieron?
Ocurrieron así, nadie lo dude:
En el mismo lugar, sombras distintas.

Carraspea el reloj, dando a las horas
La voz a la que están acostumbradas.
Nada nuevo hay en él, sólo parece
Que intenta recordar otras edades,
Sin lamentar el paso de los días.
¿Son las luces más tenues o no prende
Dentro del corazón el fuego el aire?
Vaga por ese hueco el mismo cuerpo,
El mismo espacio con distinta ausencia.

Aquellas ciudades

Han pasado los días del verdor infinito,
cuando la roca hablaba y llenaba los huecos
de cada vida con las otras historias, narraciones
de matanzas terribles y de luchas, fechas y dinastías.
Han pasado los días del azul infinito,
cuando la mar traía y llevaba las barcas
de los dueños de la ciudad erguida y de las casas
de piedra y paja, de sangre y de palabras.
Han pasado los días del reloj infinito,
cuando la hora crecía y alargaba la imagen
de ilusión momentánea en cada hoja
de un árbol con final perdido en el recuerdo.
El temblor de un instante que anuncia su caída
se confunde en la nada que el viento le arrebata.


Se reconocen

Con frecuencia, al pasar, se reconocen:

Están sentados juntos, forman un envoltorio.
El silencio se rasga o se prolonga.
Como si se entendieran, continúan.
El sol de la ventana dará paso a la noche.
Tras los cristales cruzan, calladas, otras luces.
Acumula aquel lado cenizas sin sentido.
Ausentes viven, perdidos en su día.
Una vez, otra vez, aquella vez, sintieron,
Esperaron, no se sabe muy bien, ¿un mundo diferente?
Pudiera ser, lo avala la experiencia.
Ellos mismos creaban, en el dolor felices.
Para entender esta infinita monotonía
Regrese, por favor, a la primera línea.

===========
 Miércoles 11 de enero, 2017

0 comments:

Publicar un comentario