7 de diciembre de 2016

Diente de león

19:17 By Santiago Daydi-Tolson

Lleva y trae el viento por lo aires aromas y voces, polen y vilanos de la reproducción, esporas, levaduras del pan y la cerveza, arenillas tibias de las dunas y delicados cristales del invierno que también brota en capullos de nieves.

Polen del pinar, pétalos de rosa, vilanos del cardón; vocerío de urracas y zenzontles, abejas obreras empeñadas en el vuelo y mariposas multicolores; peste negra también del pulgón dañino y los mohos sofocantes.

De todo--un universo de variedad increíble: semillero--trae y lleva el viento incontenible del polo al polo, del amanecer al ponerse de la luz sobre lo oscuro. El viento que no sabe de obstáculos sino de praderas inmensurables de libertad, de montes del desvío, de cañones y quebradas del torbellino, del resquicio de los muros, las redijas de puertas y ventanas.

De todo lleva y por todas partes va y viene el viento; alborotado a veces, a veces brisa apenas de las tardes del verano o indignado remolino alrededor del ojo ciego del silencio.

Por todas partes lleva de todo el viento y todo lo arremolina y desordena: fuerza vital del ramalazo que tanto destruye como propaga.

Como el viento y su ámbito con rasgos de infinito--¿es concebible tal extensión sin límites, tal magnitud desmedida?--es el mundo inmenso, el laberinto, el ojo facetado de la red, esa esfera borgeana en que se refleja lo que el viento lleva y trae de un lado a otro: brisa y vendaval, tornado y huracán, ventolera insaciable, torbellino electrónico de la mente humana.
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Miércoles 7 de diciembre, 2016

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