15 de junio de 2016

Memorias: Carta de Lilianet Brintrup

10:33 By Santiago Daydi-Tolson

Carta de Relación a Sor Juana Inés de la Cruz
En la muy leal y noble Ciudad de México a 12 de noviembre de 2009

Si naciste en 1651 o en 1648 o si fuiste Asbaje o Ascuaje nos dio igual, porque contamos con tu licencia generosa. Con precisión prolija y matemática contamos el tiempo que de ti nos separa. Hoy 12 de noviembre de 2009 hemos celebrado tu cumpleaños en tu claustro.

La puerta  principal de tu claustro-convento permaneció cerrada con rejas de hierro que alguna vez imaginé sobre tu espalda, tú y tu palabra. Puerta roída, con escorias en sus goznes y de umbral desquiciado. Entramos por el lado del que tú no salías y por el cual no entrabas.

Verás.

“Saber para valorar, valorar para elegir” dice el lema de tu Universidad del Claustro que hoy dirigen dos sabias y hermosas mujeres. Hoy te hemos valorado una vez más, admirada y preciada Sor Juana. Caminamos sobre los restos de ruinas de lo que otrora fuera tu casa y tu prisión. Nos desplazamos sobre los trozos y destrozos de tu ciudad por donde tu pie resbaló alguna desafortunada vez.

El traje de monja era el tuyo usado por la valiente Sandra. ¡Deberías haberla visto! Deberías haber visto y degustado tu pastel de cumpleaños, enorme como tu imaginación y alto como tu hermosura, sólido como tu inteligencia y conocimiento;  delicado y vibrante como tu sensibilidad y sufrimiento; dulce como tu alma mal tratada.

Tu retrato sin engaño colorido adornaba el magnífico Altar de Muertos y fue puesto en tu honor y tu festejo; allí desde lo alto lo observas con los ojos de tu mente incansable y alerta en la puerta de la palabra. Al otro extremo, trajes de mujeres mexicanas de todos los tiempos y de tu tiempo, Sor, ésos que alguna vez atrajeron tu mirada y tu deseo. Al oído te digo que el traje y el conocimiento entre las mujeres de México fluye y puebla espacios conocidos e incógnitos.

Tu legado Sor Juana, tu legado.

Fuimos poetas para ti, Sor, y tú en voz de una poeta mexicana para nosotros. ¡Ahí estábamos palpándote, leyéndote y escuchándote! Había también hombres, que no necios, eso sí.

¡Oh! Esas paredes que golpearon mi mirada, y tú suavemente inquisitiva.

“Nadie como Sor Juana” decía una. “Es que no le llegamos, no le llegamos”, decía otra voz; pero ahí estábamos con nuestros versos y poemas enteros en reverencia. Te rodeamos de palabras y cariños, de mimos exclusivos: “Hasta hoy no he podido dedicarte ningún poema, admirada Sor, pero hoy me atrevo”, dijo Silvia con acento argentino.

Te escribo porque quiero contarte, entre otras cosas, que yo me vestí de verde y negro para festejar tu cumpleaños. Algo volvía a ese convento cada vez que decíamos tu nombre. No me creas, está bien, pero así fue. César Augusto leyó su “Ausencias” mientras tu ausencia recorría mi espina dorsal y un frío enloquecido me entraba por los pies. ¡Cuán fríos has de haber sentido tus pies esa vez!

Deberías estar enterada de todos los estudios críticos que se han escrito sobre ti y tu excelsa obra, y por si fuera poco, alabanzas, odas, redondillas, sonetos y poemas libres de versos fijos sobre tu hermosa figura.

Se definieron cosas tantas y nos perdimos por entre las ruinas de tu convento, hoy exconvento convertido en museo, en universidad que tanto gusto te daría ver. Afuera, nos seguimos perdiendo por supermercados y centros comerciales que no sabría cómo explicártelos, no podrías hacerte una idea de cómo son; locura, Sor, es todo eso. No son lugares para darles tareas a las manos, sino a los pies y, desde luego, al bolsillo. Cosas mundanas, Sor Juana, no te inquietes, nada de esto te alcanzará ya.

¡Ah! ¡Cómo poder descansar de las distancias! Pero tú estás tan lejos y tan cerca. Poetas, profesoras, investigadoras de todas las latitudes lamentamos no tener tu cuerpo cerca nuestro y sábelo de una vez: no nos carga tu cuerpo. Ya nunca más nadie te pediría que te alejaras, admirada Sor, nunca más.

Yo, no la  peor de todas, te escribo esta carta Sor, a riesgo de ser sancionada, a riesgo de tener que confrontar un ridículo desconocido y hasta sufrir el castigo de omisión, más aún, hasta beber la tiranía de todas las palabras gastadas y contagiosas. Pero aquí me tienes lanzándome al agua y contra las piedras.

Algunas de tus visitas también aprendieron a leer a los tres años;  y a los ocho, a los diez y seis, y a los diez y siete realizaron tus mismas proezas, pero nunca han declinado puestos de abadesa o semejantes; nunca han hablado tan claro como tú, afectadamente, claro.

Podría insistirte en los gruesos volúmenes escritos por preclaros poetas y eruditos del barroco; vieras tú Sor Juana ¡qué líos! ¡qué líos! ¿Cómo pudiste callarte para siempre? Pero aquí andamos por ti. No ha sido fácil seguir adelante, ha habido muertes, torturas, masacres por aquello mismo de tus padecimientos, pero hoy en el siglo XXI permanecemos a tu costado aún herido y no abandonaremos la luz que nos has dado y nos das.

¡Fiesta barroca es ésta para ti, Sor Juana sobrecargada de luces! Colores, pasteles, gentes, versos en femenino y masculino hermoso; fuimos insaciables y quisimos saberlo todo, desde qué hacías en la cocina de ese convento hasta tu saber en filosofías medievales y clásicas que te rodearon; soñamos de lo lindo contigo y sin ti. Fuimos lógicas en nuestros sermones de recibimiento y de despedida. Nos defendimos del mundo como pudimos, “allá tú”, me decían algunas, “tú sabrás que les respondes a ésos, Sor Juana ya nos lo enseñó.”

Todo será, será todo, pero de ningún modo permanecer en algún estado de ignorancia; estamos tan cultivadas que no te imaginas, Sor, que no te imaginas. Pero moriremos como tú con nuestro retrato engañoso entre nuestras manos hacendosas, pero con el gozo de haberte leído y conocido.Y fíjate bien, Sor hermosa, que hoy también se puede morir de plagas, no como las que tú conociste en carne propia, sino de otras tóxicas y biológicas, de brutales exterminios masivos.

No nos punimos y comemos quesos al por mayor cantando y recitando. Somos estrictas, pero al pensar en ti o simplemente leerte, la estrictez deviene algo firme y flexible. Pero no creas, por ahí nos asaltan enemigos potenciales y comunes que intentan cortar los lazos de eterna amistad entre las mujeres, como los lazos que nos unen contigo, Sor. Pero tú ya estás en plena salvación, quiero decir, que ya estás en la red electrónica, en una computadora, a ver, a ver cómo te lo explico, Sor: una computadora es una suerte de libro electrónico universal, con luz propia, es decir, que no usas velas para ver o para activarlo, sino que al apretar una de sus piezas, mandas o recibes mensajes y cartas en otro punto del espacio, sí dentro y fuera de México duplicados ad infinitum.

Bueno, Sor Juana Inés de la Cruz, con tristeza me despido. Me da pena dejarte, abandonar la pluma (que hoy también es electrónica) y tu fiesta de cumpleaños, que Sandra y Carmen Beatriz, guardianas de tu lucha, autoridad y sabiduría, han montado con imaginación y generosidad, para ti, para nosotras y para el mundo.

Mantenednos en vuestra gracia, os suplico.

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Lilianet Brintrup nació en la provincia de Llanquihue, Chile. Reside en Estados Unidos desde 1981. Es profesora de Lengua Española y Literatura Hispanoamericana en Humboldt State University, California. Obtuvo su doctorado (Doctor of Philosophy) en Literatura Hispanoamericana en The University of Michigan, Ann Arbor. Es autora del libro En Tierra Firme (1993), Amor y Caos (1994), El libro natural, (1999), entre otros. Colaboradora usual de Labrapalabra: Poemas: "Papas de Chile", Lilianet Brintrup Hertling

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Miércoles 15 de junio, 2016

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