8 de junio de 2016

Entrevista de Juan Cervera Sanchis

01:18 By Santiago Daydi-Tolson

Entrevista ficticia con el torero fantasma Ésoj Sámot
Por Juan Cervera Sanchís, Poeta Real.


Me encuentro, noche de Luna creciente, en los cuernos de la Luna, con el celebérrimo matador de toros bravos Ésoj Sámot, nacido en Ragapalag, del que todos y, por no decir todos, casi  todos, elogian.

La galaxia taurina da aliento y desaliento a toda clase de mitos, luces y sombras y mentiras y verdades, así como hambres y hartazgo, y donde la única gran verdad y, a la vez, egregia mentira, es el toro.

El torero suele ser una verdad a medias y muchas mentiras enteras.

Ésoj Sámot, adivino que lo sabe, dado que nada más verme me dijo:

-Poeta, tú  y yo siempre nos hemos respetado y admirado en la misma circunferencia del circo de la vida. ¿Qué quieres de mí?

-Torero, aquí en los cuernos de la Luna, sólo quiero hablar, de loco a loco, del toro, del torero y de la poesía y del poeta.

-Fantástico poeta, no esperaba menos de ti. Hablemos.

-El poeta León Felipe, quien era tío de Carlos Arruza, me dijo en una entrevista “que él toreo es un poema mal hecho”. ¿Tú qué me dices?

-Yo soy torero y te digo que León Felipe sabía lo que decía.

-¿Qué crees tú que sabía?

-Sabía, sospecho yo, que, de mil corridas, novecientas noventa y nueve no alcanzan la plenitud de la perfección que el poeta reclamaba.

-¿Cuál es esa artística y matemática perfección, Ésoj?

-El poema perfecto en el toreo no es cuando el torero es premiado con las orejas, el rabo o las patas del toro.

-¿Dime entonces cuándo alcanza el arte de torear la suma perfecta?

-Por más que a muchos le cueste creerlo es cuando un torero, luego de haber lidiado magistralmente a un toro, se deja la vida en sus cuernos.

-¡No me digas, Ésoj Sámot!

-Si te digo y te lo afirmo. El toreo es una religión y el torero, ¡torero!, un sacerdote y, el sacerdote, debe dejarse la vida en el altar ante el misterio y la exigencia de su dios.

-Me das la puntilla poética con el afilado cuerno de la Luna..

-Que bien que entramos juntos en la ultra dimensión poética del toreo.

-Toreo y poesía, ¿Hasta dónde, matador?

-Hasta los ultra cielos de la eternidad y la leyenda.

-¿Aspiras tú a volar libremente por esos cielos?

-Es mi alta aspiración. Aspiro a morir en los cuernos de un toro.

-Dame una razón o sinrazón para ello.

-Aquí la tienes, Poeta: Si un torero no muere en los cuernos de un toro, su vida, por más triunfos que haya sumado, habrá sido un fracaso. Los verdaderos sacerdotes del toreo no mueren de viejos ni de un pistoletazo, mueren frente al toro y con el toro y en mitad del ruedo.

-¿Cómo Joselito y Manolete?

-Sí, como Joselito y Manolete.

-¿Así quieres tú morir?

-Sí, así quiero morir y vivir yo.

-Entonces, tú, ¿no elegiste ser torero por aquella frase manida de que “más cornadas da el hambre”?

-Poeta, por Dios, por hambre y desde el hambre sólo se va a la miseria del nuevo rico y, por ahí, nadie va a ninguna parte, sino al cortijo, a la mujerzuela comprada o al repugnante adulador.

-¿En qué plaza de toros te gustaría morir?
Ésoj Sámot , por un momento guarda silencio y parece dudar. Luego, con un sonoro y doble acento, cual si fuera hombre de dos mundos, que lo es, testifica.

-Si pudiera ser me gustaría morir dos veces. Lástima que no podamos morir dos veces ni vivir dos veces. Lástima.

-Sí, Torero lástima. Gran lástima. Pero dinos.

-Me gustaría morir en La Monumental de Barcelona, cuando la vuelvan a abrir para mí, o en la Monumental de Aguascalientes, allá en México.
El Torero y El Poeta  callan. Los cuernos de la Luna sea agitan y un rayo de sol nostálgico hiere sus almas. El Poeta rompe el silencio.

-Torero, ¿qué es la poesía para ti?

-La poesía para mí es como un semental pastando en el verdetapete de la dehesa, rodeado de bellas vacas, bajo la bóveda celeste tapizada de estrellas en celo y una Luna llena oliendo a albahacas y amapolas. La poesía para mí es como una mujer, esa mujer madre novia, que nunca nos abandona y nos presta sus alas para alcanzar la velocidad de la fantasía en la realidad de un: “Te quiero”.

-Torero, el Poeta aquí eres tú.

-Poeta, Poeta….creo que no se puede ser Poeta sin ser Torero y lidiar cada noche en la Monumental Plaza de la Fantasía el Toro de la Vida, ese toro que acaba matándonos a todos ante el Supremo Espectador que es Dios.

-¿Eres creyente, Torero?

-¿Es que se puede ser algo sin creer en ello, Poeta?
Y aquí, la Luna creciente había crecido tanto, que, el Torero y el Poeta, se dijeron adiós, no sin antes jurarse que se volverían a ver, si no en los cuernos de la Luna, con mucho gusto, en Aguascalientes o Sevilla.


Lora del Río, Primavera, 2016.


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Miércoles 8 de junio, 2016

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