1 de junio de 2016

Cuento de Luis Pineda V.

10:43 By Santiago Daydi-Tolson

La exiliada

A mi maestro--a quién nunca conocí en persona
--Augusto Monterroso.

En un apartado lugar de Coyoacán, existió hace algunos años la aldea Monterroso, la habitaban ovejas negras dedicadas a la escritura de textos literarios. El rebaño vivía en austeridad a causa de los pocos ingresos que su creativo trabajo obtenía.

De un modo inexplicable y sorpresivo apareció una oveja blanca. Este “abyecto” ser causó horror, asco y notable rechazo, por parte de las oscuras; de inmediato se le asignaron las labores más indignas y la peor comida. Se supo de una conspiración para asarla en la plaza pública. El posible crimen fue denunciado por los avergonzados padres del fenómeno. Tuvo que intervenir la Comisión de Derechos Lanudos. Tras muchos escándalos y controversias fue expatriada a una población vecina conocida como San Ángel. Ahí fue donde le asignaron como prisión un lugar común: la aldea Televisa.

Tiempo después, el hato negro, aparentemente arrepentido de su racista fobia, escribió una carta extensa a la oveja blanca, la exiliada, en la cual la invitaban a regresar a su aldea natal y al pesebre familiar.

Al conocerse ese texto en la aldea vecina, de inmediato fue plagiado y transformado en telenovela: obtuvo el éxito de contar con una nutrida audiencia… del mundo animal. Las compañías vendedoras de alimento para mascotas, forrajes y hasta algunos partidos políticos, “dizque” ecologistas, invirtieron grandes cantidades de “lana” para ser anunciados en los cortes comerciales. El suceso televisivo logró notable raiting. El rendimiento de este--ilegal--producto se reflejó con una enorme alza en el precio de las acciones de la empresa televisora.

Las ovejas negras interpusieron una demanda por el plagio. Tras muchos obstáculos, trampas, trámites y tiempo lograron el fallo favorable de la Suprema Tocinería. Recibieron su esperada recompensa: toneladas de verde pastura importada del país vecino, en el norte.

De la oveja blanca nunca se conoció alguna respuesta, sólo rumores en los que se aseguraba que, después de auto-esquilarse, se suicidó arrojándose hasta el fondo de un hoyo de barbacoa.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecen nuevas ovejas blancas en la aldea Monterroso, son exiliadas de inmediato a la vecina aldea, la televisora. De este modo las nuevas generaciones de ovejas negras puedan ejercitarse en el rentable negocio de copiar y reciclar lacrimógenos textos. En ellos aplican, con mercenaria maestría, el oficio de recrear melodramas. Invariablemente se basan en el tema recurrente del falso arrepentimiento, sin faltar sus respectivos lugares comunes y corrientes.

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Luis Pineda V Nace en la Ciudad de México en 1952 aunque elije ser veracruzano a partir de 1985. Su primer relato La decisión (1968) obtuvo el segundo lugar del concurso de cuento del Centro Universitario México y se publicó en la revista del CUM. En 2009 se graduó en el Centro de Cultura Casa Lam como maestro en creación literaria con la tesis Archipiélago que contiene un ensayo acerca de la historia y evolución del haiku en Japón y sus manifestaciones en el mundo occidental, asi como una colección de 198 poemas de su autoría agrupados como haiku, tanka, haikai, senryu y poesía experimental. Ese mismo año recibió el premio Anton Chejov por su cuento Verbalgia publicado en el Nº 7 de la revista El Puro Cuento (Editorial Praxis) y su poema, de largo aliento, Habla la infancia se seleccionó para formar parte de la antología Niños que se tragan la luna (Editorial El Cálamo). Participa activamente en los talleres de poesía y narrativa de Raúl Renan, Ivan Leroy, Edmee Pardo, Cecilia Urbina y Carlos Pineda.

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 Miércoles 1 de junio, 2016

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