25 de noviembre de 2015

Cuento. "Por un volcán". Andrea Amosson

08:41 By Santiago Daydi-Tolson

¡Qué calor! Se siente peor porque no hay sombra, ningún Tamarugo, nada… ¿Por qué vinimos a esta hora? Debimos esperar el atardecer, cuando sopla el viento fresco, aunque nos levante el vestido, no importa… ¿Qué estoy diciendo? Prefiero morirme de calor a que Pancho me vea los calzones…

--¡Allá es!-- grita Claudio.

Nos ponemos a correr. La garganta seca me raspa, me duelen los ojos. Todavía hay más tierra suelta en esta parte del desierto.

--¿Dónde queda?– pregunto.

--Allá, donde están los buitres…-- responde Rodo.

-- Los buitres?--. Me espanto.

Los pájaros más feos, además de las palomas. Buitres. Por qué no lo pensé antes. Claro que debe haber jotes. Donde hay agua, hay borra y donde hay borra, hay buitres…

--¡Ah, no! ¡Yo no voy!– digo con voz temblorosa, jamás me acercaría a un carroñero.

--¡Tienes que venir!– Interrumpe Lichy. –Tienes que ayudar a tirarles piedras, para que podamos recoger la borra…

--¡Ni loca!–. Y me siento en medio del peladero. Las piedras calientes me queman el trasero. El sol me empieza a cocer los muslos. Me duele la cabeza y me late fuerte el corazón. El uniforme azul marino de la escuela me arde en todo el cuerpo.

Mis compañeros siguen avanzando, dejándome sola. Los veo acercarse lento a los pájaros. Ellos cogen piedras y ellas alistan las bolsas plásticas para atiborrarlas de arcilla.

Les arrojan pedruscos, pero los jotes no tienen miedo; gruñen y se acercan amenazantes defendiendo su territorio. Negros, la cabeza pelada y el pico rojo. Son tan altos como Claudio o Rodo.

Lichy tira la bolsa al suelo y escapa. Más atrás Flora. Luego todas las demás. Yo me levanto rápido y las veo acercarse, aterrorizadas.

--Hacen un ruido tan feo-- lloriquea Lichy.

--Y huelen hediondo– añade Flora, cubriéndose la nariz con las manos.

--¡Les dije que son horrendos!– replico.

--¡Cabras lloronas!-- grita Claudio desde el otro lado --¡vengan a ayudar!

Pero nadie mueve un pie.

Vemos cómo los jotes siguen atemorizando a los niños, como los peñascos no son suficientes para expulsarlos. Al contrario, los pajarracos se agrandan y aletean. Hasta que los niños también corren hacia nosotras.

Me dan ganas de burlarme de ellos, “es mi turno” pienso. Pero entonces recuerdo lo que dijo la maestra: que si no llevábamos la borra para fabricar el volcán, reprobaríamos el curso. Además, si mi amiga Laura no pasa Geografía, quedará repitiendo el año. Yo le prometí que le ayudaría. Así es que tomo la decisión callada de enfrentarme a los buitres.

Lleno de piedras grandes los bolsillos del uniforme y avanzo hacia los niños, que todavía corren en nuestra dirección.

--¿Quién es la cabra llorona, ahora?– les demando.

Ellos se detienen y me observan caminar segura. Allí están los pájaros, las alas desplegadas y graznando. Yo también extiendo los brazos y les grito muy fuerte. Se callan. Entonces les tiro morros y algunos levantan vuelo. Me animo y chillo más.

Al instante se unen las niñas, después los niños. A fuerza de porrazos y alaridos, espantamos a los buitres. Las aves se alejan como una gran nube negra, son más de cincuenta.

Aplaudimos, gritamos y saltamos de alegría. ¡La borra es toda nuestra!

Llenamos las bolsas y nos vamos de allí. El camino de vuelta se siente más largo, por el peso de la greda en nuestros brazos.

Entramos al pueblo, los niños van cantando:

Las niñas no son lloronas,
son de lo más valiente,
no les importa el sol
ni el desierto caliente.
No les da miedo nada,
ni el jote ni la payasa
y la mejor de todas
es la Tomasa.
La “Tomasa”, esa soy yo.
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Miércoles 25 de noviembre, 2015

5 comments:

  1. Me encantó leer tu cuento hoy día aunque es cortito pero con mucho detalle. Me pareció muy vívido y me pude trasladar hasta Atacama mientras lo leí (dos veces). Solo pasé por Atacama cuando iba de vacaciones a Arica. Tenemos un gran desierto!!

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    1. Muchas gracias, y sí, ¡tenemos un gran desierto!

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  2. Me encantó este cuento, aunque cortito pero muy detallado. Me trasladó a Atacama mientras lo leía (dos veces). Me recordó el bello paisaje de nuestro gran desierto cuando pasaba por allí rumbo a Arica en mis vacaciones de verano.

    El final se destaca por pasar tú de miedosa a heroína. Viva la "Tomasa"

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  3. Muy lindo el cuento Profe! Me encantó la valentía de la Tomasa. Un ejemplo a seguir, si todos nos animáramos a no tener miedo, lograríamos tantas cosas!

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