10 de septiembre de 2015

Diente de León: "Los filtros de la mirada".

08:43 By Santiago Daydi-Tolson

Eso de que todo depende del cristal con que se mira es--qué duda cabe--una sabia observación. La realidad no tiene para el que la ve ni una pizca de objetividad: se tiñe de la sangre en el ojo que la mira, se deforma en las lentes de las lágrimas o se opaca detrás de las legañas del sueño perezoso. Y no hablar de lo que se ve con las antiparras de la obsesión o a través del vidrio sucio de una copa vacía en la mano que apenas la sostiene. Las gafas rosadas pertenecen al mundo iluso de la fantasía.

Son múltiples las formas y colores del cristal que transparenta al mundo. Múltiples las lentes disponibles. Innumerable la variedad de gafas que se puede usar para mirar el mundo; innumerables también son los espejos en los que mirarse.

Habitamos la mansión de los reflejos, la cámara oscura de las ilusiones ópticas.

Habla la abundancia de lo disponible no tanto de un bien—que en algunos casos puede serlo—como de una exageración malsana, de una hipertrofia de lo posible, o mal de lo infinito.

El ojo observador se estraga ante tantas maneras diferentes de poder mirar y acaba por no ver nada que no se le imponga con la sugerencia machacona de la propaganda: ese cristal cortado a la perfección para crear con él los arcoiris del engaño, las auroras boreales de las falsas ilusiones, los espejismos de las doctrinas y los dogmas.

Cada cual elige como mejor puede la lente—su forma y color--que le acomoda cuando más le conviene. Pero como no siempre es posible cambiar de lentes al propio antojo hay que conformarse a veces con algunos que son de un tinte deplorable. Además no hay lente que no se ensucie.

Se ve le realidad sólo a través de los filtros mentales de la mirada.


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Jueves, septiembre 10, 2015

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