16 de septiembre de 2015

Cuento: "Con olor a naranjuagria", Luvy Bravo-Nuanes

08:27 By Santiago Daydi-Tolson

Mis padres fueron los primeros en despedirme. Mi madre me besó dulcemente mientras me decía al oído:
--¡Sé obediente y sumisa!
Mi padre, como muy pocas veces lo había hecho, me tendió los brazos y en voz alta expresó efusivamente delante de todos:
--¡Y ahora… a llenarme la casa de nietos!
Todos los invitados asintieron con sonrisas y aplausos. Ella también aplaudió tímidamente. Fue entonces cuando la vi a la entrada de la cocina. Noté su cabello, ahora ralo y del color del fino polvo que se escapaba de los tenamastes del fogón cuando calentaba mi atol rociado de chanaca y perfumado de canela.
--Dormite mi niña
que tengo que hacer:
lavar los pañales,
sentarme a coser.
Empecé a caminar hacia donde estaba ella. El dentista de la familia me detuvo para felicitarme.
--Chon, ¿por qué tenés sal en este huacalito?
Para lavarme los dientes, mi niña. Mirá, así se hace--. Y mojaba su dedo índice en la jícara llena de agua para luego impregnarlo de la sustancia de sabor ocre y restregarlo con cierta fuerza contra su dentadura.
--¡Yo también quiero hacerlo!
--No, no, no creo que sea bueno para una niñita que todavía está mudando sus dientecitos de leche.
Quise avanzar de prisa hacia donde estaba ella. Pronto las autoridades militares se acercaron a saludarme.
--¡Chon!, ¡Chon! se fueron otra vez las luces, tengo miedo del coronel Arrechavala.
--¡Qué cipota ésta! ¡Si es solo una leyenda!
Entre más me aproximaba hacia donde estaba ella notaba que sus labios y mejillas ya no tenían el rojo vivo del achiote que tantas veces frotó en los míos mientras jugábamos “a ser bellas”.
--Mi mamá, sus hermanas y amigas, también se lo “untaban” cuando iban a los bailes en nuestro pueblo. Una de esas noches “se enredó” mi mamá con mi papá, después de que bailaron toda la noche a la luz de los candiles--me decía tirándose una carcajadota.
--¡Ja! Ja! ja! ja!
--¡Contame más, Chon, contame más!--le pedía emocionada, mientras aprendía a hacer trenzas en su larga cabellera olorosa a flor de naranjo.
--¿Dónde pasó eso?
--Allaaaaaaaaá mi niña, allaaaaaaaaaaaá, tierra dentro, donde sólo podías llegar a caballo o en mula, pos, todavía el general Zelaya no había mandado a construir los ferrocarriles.
--Se está haciendo tarde--me insinuó mi esposo, señalándome a la distancia su reloj de pulsera, pero las monjas de mi escuela secundaria me abrazaban una tras otra.
--Pues “Toñito”, que en paz descanse, solo tenía trece años cuando “lo hicimos hombre” con la Chon, que también estaba chavala y virgen--oí decir a uno de mis tíos abuelos, una noche que fui a buscar algo a la cocina.
Adelanté apenas unos pasos hacia donde estaba ella. Ahora, el doctor de la familia y su esposa me felicitaban.
--Por casi diez horas estuve pujando con la ayuda de la comadrona y al final, pos ya mi muchachito estaba muerto--escuché en otra ocasión a la misma Chon comentarle a la lavandera, mientras tendían la pesada ropa de cama de los numerosos cuartos de la casa hacienda cafetalera que había pertenecido a mis bisabuelos.
Abriéndome paso entre los numerosos invitados, caminaba con prisa hacia donde estaba ella, pero mis parientes y mi único hermano formaron un círculo a mi alrededor y gritaron, alzando sus copas:
--¡Viva la novia!
--¡Chon! ¡Chon!--le grité para llamar su atención.
Encima de uno de sus vestidos “para salir” traía puesto un delantal blanco bordado, impecablemente almidonado y planchado, como siempre lucieron mis vestidos, mis uniformes de la escuela primaria, el traje de mi primera comunión y el de mi quinceañera. Ahora, a sus ochenta y pico de años, pálida y diminuta, lucía como la virgencita de la iglesia de nuestro pueblo. Asunción, “la Chon”, había sido “la hija de crianza” de mi bisabuela; luego fue un “regalo de nupcias” para mi abuela, y después ella “se la dio” a mi madre cuando ésta se casó; y es así como se convirtió en mi china.

Al verme tan cerca salió a mi encuentro y me estrechó en sus brazos muy emocionada. Un abrazo de bienvenida por mi larga ausencia en el extranjero; deseándome los “parabienes de recién casada”; de empatía por mis años interna en el colegio; solidaria por la preferencia de mi padre hacia mi hermano menor. Un abrazo con aroma a nacatamales de las fiestas navideñas; a gofio y ayote en miel en los rezos de la Purísima; a la emanación de nancites en conserva y almíbar o curbasá en Semana Santa; con sabor a fresco de cacao y cosa de horno después de mi clase de catecismo; agüita de arroz o limonada cimarrona para mis resfríos; trozos de hilo mojados en su saliva para detener mi hipo de infanta; aceite de ricino, magnesia calcinada y manzanilla para mis empachos. Siempre arropada entre sus amplias faldas, frotada de ruda y alcanfor para sudar mis calenturas; baños tibios de olorosas hojitas de naranjuagria. Perennemente envuelta en el hogar de sus brazos haciéndome currucos, cantándome; enseñándome lengua y credo en los juegos:
¡Ca- ra- cá!
¡Cristo nació!
¡Co- co- ro có!
¿Dónde nació?
¡Ca-ca-ra-cá!
¡En Belén de Judá!
¿Que-que-re-qué?
¿Quién te lo dijo?
¡Yo que lo sé!
Me puse de rodillas para recibir su bendición. Sus dedos índice y pulgar dibujaron en mi frente la señal de la cruz, como tantas veces lo habían hecho durante mi niñez.
--¡Qué Tata-Chú y la Mama-Virgen te protejan siempre mi niña!
--¡Mi chichigua!--alcancé a decirle agradecida, mientras colocaba el ramo de novia en el altar de sus manos.

Vocabulario:

Achiote. Arbusto bixáceo, cuyo fruto rojo purpúreo contiene una pulpa llamada bija. (PLI)

Cacao. Del nahua cacáhuatl. Árbol de cuya semilla se hace una bebida en Nicaragua.

China. Niñera (voz quechua)…

Chineada. Participio pasado del verbo chinear, cargar.

Limonada Cimarrona. Mezcla de agua con limón y sal.

Cosa de horno. Postre hecho de maíz.

Curbasá o curbazá. Postre nicaragüense hecho de frutas y atados de dulce (panela, piloncillo).

Currucos. Hacer cariños, “acurrucar”.

Chanaca. Azúcar.

Chichigua. Nodriza (voz nahua)…

Gofio. Dulce hecho de pinol (maíz) y atado de dulce.

Huacalito, Guacal. (Del nahua huacalli, angarillas) Am. Cen. Vasija así formada.

Jícara. Vasija hecha de calabaza. (Del nahua xicalli, vaso hecho de la corteza del fruto de la güira).

Nacatamales. Tamal relleno de carne de cerdo o de pollo y otros ingredientes.

Naranjuagria. Naranja agria. Forma utilizada en el vocablo nicaragüense.

Purísima. Los monjes españoles trajeron consigo todas sus manifestaciones de fe. De la tradición sevillana, La Purísima o Inmaculada Concepción de María llegó a Nicaragua.

Tenamastes. Tres piedras en el fogón que sirve para cocinar.

Zipota. Muchacha, niña. Cipote, ta. (Quizá deforme de chipote), m. y f. El Salvador, Hond.

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Miércoles 16 de septiembre, 2015

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