17 de mayo de 2015

4 Minificciones, Felipe Valenzuela

17:37 By Santiago Daydi-Tolson

Emigrantes

—Y esta quebrada, que rescatamos hoy para el uso público, se erigirá como el símbolo del esfuerzo de esta administración por el bien común y de los pobladores de la región de Valparaíso…

Los ecos del discurso atraviesan los bosques, quebradas aledañas y riachuelos que bajan al mar. Bajo la resolana, los asistentes escuchan con caras serias y en silencio, tratando de aparecer interesados en las fotos oficiales.

—No dejaremos rincón sin desarrollar para mejorar el estándar de los que aquí viven…

Una familia de zorros que pasa cerca, seguidos de sus cachorros, con sus maletas y algunas provisiones para el viaje, se detiene con expresión de nostalgia, a mirar la ceremonia.

—Era bueno vivir aquí—dice Papá zorro—. Ojalá haya otro lugar.

— Es el progreso—dice Mamá zorro, secándose una lágrima—. Vamos niños que se hace tarde.

 
¡Fuegos!


En la mano derecha, una copa de champán, en la izquierda, el botón obturador de la cámara fotográfica. Hay gran expectación, el tiempo pasa lento, el nerviosismo aumenta rápido.

— Diez, nueve--grita el locutor en la televisión—ocho, siete…

--¿Tienes la copa llena? ¿Están todos con la suya?

— Tres, dos, uno. ¡Feliz año nuevo!—grita el locutor, tras la música de fiesta.

Todos saltan para abrazarse. No puede faltar ninguno.

Después de algunos brindis y abrazos, llega la hora del espectáculo. Desde el piso quince, sobre Higuerillas, se deberá ver bien.

Cada petardo, cada volador y cohete parece que explotara dentro de la terraza, esparciendo sus luces verdes y rojas como si los muebles los pintara un loco.

La cámara, sobre el trípode, lo registra todo. Habrá un año para rememorarlo, animadas ocasiones de comentarlo y muchos amigos incrédulos, esperando que se los invite el próximo año.


La Silla

Finales de Julio, la bola sonriente del sol brilla sobre la región. Las plantas y árboles polvorientos, secos por falta de lluvia, son como yesca para los incendios que aparecen por todas partes.

¡Sequía!

La población se angustia, las autoridades se agitan y toman medidas para el racionamiento.

Un niño, en un cerro porteño, tiene sed y, mirando al cielo, junta sus manos y le pide a Dios que le dé agua para regar las plantas moribundas de su sediento jardín.

Y truena Dios desde el alto infinito:

—Cuando veas la montura del Malo en el horizonte—dice con voz llena de ecos— ésa será mi señal de la lluvia que se avecina.

— Pero cuídate—agrega, con un estampido—, también vendrá el viento y la tormenta destructora.

Desde entonces, bastará divisar la “Silla del Diablo”, hacia el Norte, para buscar el paraguas y el abrigo. Dios mandará la lluvia.


Deseo culinario

—¡Ah sí, no hay nada más afrodisíaco!—dice José, el pescador, con voz segura que convencería al más escéptico—como los erizos.

—Yo nunca lo creí. ¡Y mire que me paso comiendo! Pero, nada.

— A lo mejor hay algo más que le falta, pues—. Abre otra con el cortaplumas y le echa limón. La almeja se retuerce mientras él se la echa a la boca con evidente placer.

—¿Qué pasa con esas almejas para el almuerzo, pues?—grita una bella mujer desde la ventana—. ¡Ya van a llegar los niños de Reñaca!

José mira a la mujer y dice:

—No, la hembra no es lo que le falta, compadre. ¡Hágase ver! ¡Usted no necesitaría ni almejas! ¡Ya lo tiene todo!

El otro pescador se levanta con la bolsa de almejas y se dirige a su casa a paso lento.

—¡Bendito Dios—dice José—no me dejes caer en la tentación!

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Domingo 17 de Mayo, 2015

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