19 de abril de 2017

Poemas de María del Carmen Maqueo Garza


A contraluz

Te voy descubriendo a contraluz
por el contorno luminoso que traza tu silueta
contra la negra entraña de la noche.
La bruma noctámbula
de tus propios agobios me conmueve
con el dolor más hondo,
el de sentir que estoy viva,
que mis sentidos avanzan su propia travesía,
con ansias de encontrar la luz
cuando los tuyos dudan.
Tu perfil contra la negra entraña de la noche,
y en mi alma la ilusión de ver que nazca
esa luz profunda
que llega anunciando por todos los rincones
que la noche ha muerto.

Amor espejo

Viene hasta mí tu verdad única
a remover mis pequeñas verdades
cotidianas,
inquietas golondrinas del atardecer.
Llega tu amor imperfecto a posarse
frente a mi imperfecto amor,
y a partir de entonces
la vida escribe su mejor poema.
Tu piel junto a mi piel,
tu mirada asomada a la mía, tu historia
como parte de la historia propia.
Hoy descubrí que el amor es eso:
la sencilla manera de hacerse compañía
por el camino.

Confiadamente vulnerable

ante ti,
sin que nada me inquiete,
sin que haya zozobra
ni sombras
ni temores,
así voy
cuando la noche cae
y el amor
llama al encuentro.

Voy hacia ti

Voy hacia ti
con todos mis temores,
con mi capacidad de amar
en completo desuso,
con mi necesidad de ser amada
y toda mi ternura.
Voy hacia ti
con la confianza plena,
mis ilusiones,
asombros,
marcas de guerra.
Temblando nerviosa
en el universo de lo dicho
que para este momento
nada puede ocultar.
Sea la noche benévola
la que acoja en el silencio
los amores no natos.


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Miércoles 19 de abril, 2017

12 de abril de 2017

Paguro recuerda

Tiene de peculiar el paguro--cangrejo ermitaño--el tomar posesión de una concha de caracol abandonada: la habita como suya, dándole nueva función práctica al objeto que había dejado de prestar servicio alguno.

Así mismo, vuelve el paguro su atención a los que fueron por un tiempo textos nuevos de la revista electrónica Labrapalabra, predecesora de este blog y ahora inaccesible.

La siguiente fue la página introductora de la revista, publicada en el número inaugural de la misma, en octubre del 2004.
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Cuenta Cervantes en el prólogo a su novela que “cuatro días se le pasaron” a Don Quijote “en imaginar qué nombre le pondría” a su caballo y que “duró otros ocho días” en inventar el que llevaría él mismo como caballero andante. Arte difícil, en efecto, éste de nombrar lo recién creado. Esta revista de reciente invención adopta como nombre—después de largas consideraciones—una especie de trabalenguas—Labrapalabra—que algo tiene de fórmula de encantamiento, como bien le corresponde a una publicación que se quiere dedicar a la magia de la creación, la crítica y el análisis.

No debiera ser necesario presentar ni justificar una revista electrónica como ésta, surgida casi naturalmente en el ámbito más apto para el encuentro creativo de intelectuales y artistas: la universidad. Concebida en San Antonio, ciudad tejana y casi fronteriza, como una publicación de difusión de lo regional y de encuentro con el resto del mundo de habla hispana, Labrapalabra quiere ser lugar del diálogo, un espacio en la red abierto al análisis cultural y a la creación literaria y artística de quienes usan el español como lengua intelectual.

Ha producido este número de Labrapalabra un grupo de alumnos que, bajo la asesoría de dos profesores del Departamento de Lenguas y Literaturas Modernas de la Universidad de Texas en San Antonio, forman el equipo editorial. Juan Guillermo Urbina es el director y diseñador de la revista a la vez que el responsable técnico; a cargo de la sección de opiniones está Eduardo Arriaga Montemayor; Oscar Berrío coordina la sección literaria y Linda Morán se encarga de temas generales. Todos ellos participan de las decisiones editoriales y contribuyen con las ideas, proyectos y trabajo que hacen posible esta publicación.

Sea este número inicial el primero de muchos. Con él quedan abiertas sus páginas al interés y la contribución de todos. Quienes deseen colaborar pueden someter sus trabajos enviándolos como documentos en Word adjuntos a un mensaje electrónico dirigido a (la dirección de entonces ya no es válida, pero quienes quieran enviar sus colaboraciones ahora, en las fechas en que se reproduce este texto de hace más de diez años, pueden hacerlo a: santiago.dayditolson@utsa.edu



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 Miércoles 12 de abril, 2017

5 de abril de 2017

Photo

Se dice, tal vez incorrectamente, que una imagen vale por mil palabras.

Valga entonces esta fotografía de un bol con huevos las mil palabras que la explicarían.
¿Cuál sería el texto al que substituye? ¿Cuál el significado inefable?
¿Qué dice, qué puede decir una foto así de simple?

En su silencio visual se expresa y lo dice todo.
O calla, muda.



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Miércoles 5 de abril, 2017

29 de marzo de 2017

Viaje de Roberto Godoy

Ivención sobre el viaje de un arquitecto dibujante

I

 El arquitecto dibujante vive observando e interrogándose sobre el espacio y sus acontecimientos mediante la contemplación que funde en el dibujo, la palabra y sus obras. La luz y las formas, junto a la naturaleza que las envuelve y a los habitantes que las ocupan, son el universo inicial en el que prodiga su dedicada vocación de reflexión y conocimiento. Desde allí va desvelando, atravesando lo inmediato y superficial hasta llegar a aquello que es la continuidad del habitar, bajo o sobre sus lugares, con y sin ocupantes, situaciones todas que no son sólo su materia de estudio, sino también los ámbitos en los que como un ciudadano más desarrolla su propia vida en el acontecer de la ciudad.

II

Inicia un viaje por mar hacia el continente europeo saliendo desde los muelles de su misma ciudad, Valparaíso. Lleva dentro de su cuerpo y mente los cerros, construcciones, escaleras y plazas de ese perfil urbano que al salir del puerto se extiende ante él en plenitud, para luego alejarse y desaparecer a medida que la nave surca las aguas hacia el horizonte.


Escribe:

“Y a medida que la mano se aproxima a la visión natural, el dibujo se hace más exacto a la apariencia, y menos exacto al espíritu oculto.
¿Cómo recoger la luz en el espíritu oculto de las formas?
Pena, en la luz, el croquis de líneas sin luz”.

Se propone, mediante sus croquis o dibujos, romper y cruzar los límites acostumbrados de su mirada para acceder, tanto a la luz de la visión natural como al resplandor de ese espíritu inexplorado de las formas. Bajo este designio, aunque lleno de incertidumbre, trazará sus papeles.

Las solitarias extensiones marinas, calmas o tormentosas, espejeándose hacia el cielo desde movedizas profundidades son las envolturas indelebles de la nave que avanza sobre sus ondas. Algo que al paso de los días y las noches puede cansar al viajero común, pero no al arquitecto que persiste en observar y dibujar esa enorme amplitud.

Con prolijidad despliega su decidida acción según los embates del oleaje contra el barco, definiendo las fuerzas y resistencias, visibles e invisibles que irrumpen desde la densidad del mar, manifestando con ello que su viaje se realiza en un medio físico que mueve, levanta y hunde en vaivenes a la mole flotante de la nave, todo lo cual provoca en su discurrir diversas alteraciones que inexorablemente llegan hasta su propio cuerpo.

Son los estremecimientos marinos que no sólo extreman su dilema de la luz escondida, sino también los que le hacen perder su independencia y autonomía para movilizarse en el espacio. La supremacía del océano lo une a la nave y las aguas, para constituir con ellas un solo organismo navegante, que en honda y oscilante conjunción termina por afectar el normal percibir de sus sentidos y acciones. Así, al dibujar, sus ojos y manos  renuncian a poseer la exclusividad de la mirada y la ejecución del trazo, y todo en él, con la nave y el mar, comienza a deliberar con poder decisorio, tanto los oídos como la proa, el abismo marino como sus dos codos; solidariamente unidos y engarzados entre sí, reciben la potencia y el fulgor de la travesía marina en el dentro y fuera del ser dibujante. Sea cual sea la actitud de su cuerpo, inmóvil, delineando el papel, imaginando en el aire, o contemplando en la penumbra de cualquier noche, el arquitecto no se detiene en su decisión de rastrear la luz ansiada y las formas que salen de ella. De esta manera instaura, en una inestabilidad exaltada, su acto de pensar y representar el espacio.

Escribe:

“…me hice un propósito: no dibujar un dibujo de líneas, de bordes…”
Pero el dibujo de la luz tiene una doble dificultad.
Por una parte, la luz varía en cada línea; y cada línea va en proporción con otra. Para dibujar la luz hay que trazar miles de líneas…”


“Miles de líneas” que consolidan la existencia visual de su exploración  a través de las miradas que van perdiendo su delante y atrás, su izquierda y derecha, su arriba y abajo, en una veloz sumatoria sin bordes, originadas todas por la ruptura de los sentidos y la fusión de su cuerpo con nave y mar,. De esta manera, el arquitecto dibujante pierde los límites y disuelve el umbral entre la percepción física y el espíritu oculto, dejando en el papel la constancia de las escalonadas miradas, detenciones, roces o deslices de sus propios, esféricos y nuevos campos visuales, donde el blanco no es un vacío sino otro testimonio de la indagación lineal y del  trastorno que la navegación le revela.

Así es como ese océano, ese cielo y esa nave, junto con ser el vínculo entre el continente americano y el europeo, llegan a constituirse con su sola contingencia y al ritmo de las olas, en el modo más exacto de dispersar y asimismo estabilizar su cuerpo de dibujante dentro de los croquis que convergen hacia los espacios exteriores.

III

Llega a Europa y al emprender sus recorridos por el interior del continente, encuentra edificios, pueblos, monumentos o comarcas en pulsaciones que ya no le permiten permanecer en posición inmóvil y acercar o alejar su mirada para deslizarla como lo hacía por las vastas superficies y horizontes marinos. En tierra nuevamente, sólo surca el espacio su cuerpo, ahora independiente y desprendido de la nave y el mar, y que por contraste con el viaje oceánico le resulta un laberinto de lugares sucesivos y diferenciados sobre los cuales debe consultar planos, preguntar y recibir explicaciones. De ahí que su mirada necesite de incesantes  giros de sus ojos para descubrir y detenerse ante lo que le seduce, esperanzado de que en ese punto, puede existir una vía que desencadene el dibujo hacia el vislumbre deseado.

El laberinto ennegrece  y puebla el papel ante las tramas de gente y lugares que encuentra en su trayecto: envolturas arquitectónicas,  interiores que bajan o suben a través de llenos y vacíos sumidos en una luz y sombra en perpetuo cambio.

Es allí, al dibujar tales diversidades, cuando resurge inesperada la misma inestabilidad de su propio pensar y percibir, el mismo vaivén y ondulación que experimentó sobre el océano y que a lo largo de su acto de trazar precipitaba, como lo hace ahora de nuevo en tierra, la alteración y fusión de los sentidos de su cuerpo.

El arquitecto dibujante intuye que estas fluctuaciones venidas de  las señales o hallazgos que dibuja en el laberinto de lo construido, o anteriormente en la extensión de las superficies de mar y cielo, son inherentes a la naturaleza del verdadero observar, contemplar y dibujar, sin importar si los pies estén sobre líquido, sólido o aire, y que sin duda todos ellos provienen de que un único e idéntico ensimismamiento lo posee.

IV

Ha realizado sus itinerarios y abandona Europa dirigiéndose por aire hacia su tierra. La aeronave vuela envuelta y presionada por la densidad de las nubes y los vientos verticales y oblicuos del aire nocturno que cubre el océano entre ambos continentes. No puede ver ese oscuro cielo, sus ojos apenas captan por la ventanilla los velos y penumbras que desaparecen al filo de un ala del avión, y siente resignado que sólo puede observar con claridad la cerrada cabina donde los otros viajeros comienzan a dormir.

Abre entonces sus cuadernos dibujados.

Se enfrenta a templos góticos, cuyos croquis, a diferencia de los del viaje oceánico y de aquellos de calles y fachadas, tienen una aparente mayor terminación y consistencia de líneas. Lee sus propias anotaciones:

“Los vitrales no fueron hechos para iluminar, sino para exponer la luz en si misma, haciéndola resplandecer…”
“El vitral absorbe la luz para iluminarse a si mismo y ser contemplado, conteniéndola”.
“… la luz está expuesta en la penumbra obscura de la iglesia., como un santo en un altar”.


Rememora la luminosidad esencial e inédita que atravesaba sin romper la semioscuridad para continuar extendiéndose hacia la totalidad del espacio de la catedral, en una conjura de móviles claroscuros que le impulsaban a permanecer allí, demorando su acto de dibujarlos, esperando, siempre insatisfecho en su deseo de acceder y hacer morada en el misterio de las formas y en la expansión de sus luces y penumbras.

Se sorprende al ver surgir de estos croquis diversas figuras ajenas a lo trazado: animales ascendiendo por montañas o paredes hechas de precipicios y carreteras zigzagueantes; o edificios y nubes invertidas junto a una boca abierta cantando y a unos dedos sobre el teclado de un piano. Advierte que son apariciones que evocan rasgos de su propia vida; y al continuar su revisión sobre las superficies y líneas de otros croquis, sobrevienen, sean por el blanco de las explanadas marinas  o por las “miles de líneas”, otras imágenes encubiertas, primero comprensibles, luego incomprensibles, siempre en una luz cada vez más imprevista, que gradualmente van provocando en él las mismas transformaciones de los sentidos al dibujar, y que ahora se manifiestan con sólo mirar lo que ha trazado.

Tal desorientación le alegra pues reconoce que esta cadencia de “apareceres” con distintas claridades, exaltan y revelan lo no racionalizado, aquello que sin control se introduce en las hojas que dibuja e invaden su cuerpo, y que por ese encadenamiento de  visiones, se dirigen hacia un punto de fuga, indefinible, donde – se repite a si mismo -- tiene que residir la luz del espíritu inexplorado de las formas.

Confirma que sucede lo mismo en los croquis del mar y de la tierra, en los muy terminados o en los menos, invadidos todos por la potencia de los presagios y las reverberaciones de esa luz impredecible que durante sus recorridos creía contemplar, observar, medir y hacer consciente, y que ahora aflora en representaciones no calculadas e inexplicables.

Ha percibido la luz anhelada y sus formas inexploradas, sabe ya que para acercarse a sus irradiaciones debe entregarse al puro contemplar y dibujar, único modo de que se manifiesten y puedan ser adivinadas y bosquejadas dentro de los pliegos de papel que lo acompañan en sus viajes.

Cierra sus cuadernos, y mientras sigue volando sobre el océano hacia su tierra, se duerme con los mismos sueños de sus dibujos.

Roberto Godoy Arcaya
Arquitecto UCV

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Miércoles 29 de marzo, 2017

21 de marzo de 2017

15 Poemas de Rebecca Bowman

vuelvo a mis haigas 
mis vides 
mis ansinas
como al sabor 
de la tortilla
y al calor 
del café

***
la copa que anoche
llevaba vino
sigue sin lavar
perfuma el aire
e invita 
a continuar la fiesta

***
Bonito nombre tienes, silva mía Pareces de bosque congelado
De nieve y de hielo, de altos pinos
Del trino de un pájaro solitario
Y entre los troncos grises
La mirada de un venado
Camino por la algaba
Que a mí me dio tu nombre
Con mis pasos cruje la escarcha
El llanto sorprende mis ojos
El pasmo de la belleza encontrada
Por el frío esplendor el asombro

***
Gris el horizonte
Gris el cerro
Grises los árboles 
Y pardo el suelo
La tierra húmeda y fría
De un día invernal
El sol ausente 
Un hueco visceral
Los pájaros plomizos
Entonan grises melodías
El aire 
Un velo gris
Indiferente, sombrío
Esperanza, no te vayas
Acuérdame, sé certera
Que ésta 
Es estación
Y por tanto pasajera
Que en su momento cederá a
Brotes nuevos
Y que el tiempo borrará mi 
Grisáceo tormento

***
Con fama de cascarrabias
Te quejas y refunfuñas
Berrinches, insultos, burlas
De ésos tus días saturas
Aguerrido contra el hombre
Por sus actos muestras repudio
Con conducta agresiva
Te armas contra el mundo
Mas a mí no me engañas
Aunque no quieras te descubro
Sé porque agredes tanto:
Bajo esa armadura
Iracunda de cinismo
Tienes corazón de azúcar
Dulce, tierno, quebradizo
Con un roce se destruye
  
***
¿En dónde yacerán mis huesos?
¿En qué tierra hallarán lugar?
¿En el suelo tropical de mi infancia,
En el barro de San Cristóbal?
¿Entre las piedras de un camino, 
O en las frías olas del mar?
Vagabundo no fui y sin embargo
Me ha tocado siempre errar.
Quisiera sentir tu abrazo
Y así poder descansar.
Antes se moría de nostalgia
Pero ahora es sólo penar
Y preguntarme de nuevo lo mismo:
¿Acaso tengo hogar? 

***
Soy de piedra
Soy de cal
Soy un pájaro seco
Que ya no canta
Dame, poesía,
Vida
Para que salga
Un trino más.

 ***
Entonces también
Huían las familias
Juntaban sus cosas
Las subían a carretas
Y cruzaban una frontera
Poco definida
Las hijas indefensas
Los hijos apenados
Los padres de familia
Serios, vigilantes
Las carretas cargadas de
Polisones, botas, ganchos de tejer,
Retratos de familia, cofres repletos
Y entonces
A buscar una casa
O llegar con los primos
Y esperar
Que se fueran los bárbaros
Una nación en exilio
Jamás sospechaban
Que no pudieran regresar

 ***
Conjunto tejano

En el aire espeso
De una noche de verano
El olor a estiércol, a azahar,
Los suaves mugidos de vacas,
Comienza el baile.
El tambor, el bajo sexto
Pulsan el aire
Sobre ellos
El gemido del acordeón.
Se agrupan las muchachas
En sus faldas coloridas,
Las luces colgadas sobre la pista,
Las parejas furtivas en la sombra.
Tu madre platica con las tías.
Empieza el Flaco a cantar.
El pulso de un requinto
Rebota en la sangre.
Una pareja gira
Cerca de tí.
Chayo está con la amiga,
Su pelo recogido,
Su nuca húmeda
Y dulce.
En tu camisa recién planchada
Rondas las esquinas,
Das un paso, dudas. 
Otro sorbo de cerveza
Pa’ agarrar valor,
Pero no te lo da.

 ***
¿A qué me sabe el vino
Si no lo tienen otros?
¿A qué me sabe el pan
Si a otros les falta?
Si otros tienen frío

¿Cuál mi regocijo?

Y si otros tienen miedo

¿Dónde está mi paz?

***
Verano

De mangos y hamacas
De chubascos limpios
Y lamentos de paloma
Tu boca mohina

Piloncillo en la lengua

Una gota de sudor

Recorre tu brazo

Te toco sin querer

Se reparte el sueño

Y en un atardecer

Se detiene el tiempo

***
Confesión

Lo que quise no fuiste tú
sino el llanto en tus huesos
la risa en tus dedos
y el gozo en tu ser.

***
Esta semilla dentro de mí
Que crece desde mi espalda
Que toca mi columna
Y la electrifica
Esta ansia de bocas, de piel, de carne

Remontando al vacío

La despiertas tú
Con tu mirada

Con tu caricia

Con tu ser

***


Ekfrasis

Mundo monocromo
De silencios y resguardos,
Alquimia natural
Del artificio,
Las aves e instrumentos,
Mariposas y alambiques,
Los astros en un embudo.
Remedios,
En tu nombre
Está la clave
De tu búsqueda,
Encontrar en las tinieblas
El centro del asombro,
La luz oscura
Del ser

***
canción de cuna

duérmete mi viejo
tú del cuerpo magro
fatigado de años
de desilusión
te daré mi vigilia
mis manos laboriosas
el consuelo que pueda
y mi lisa voz
recuerdo tus brazos
tu regazo certero
con esos me quedo
y bien estoy
cierra los ojos
deja la lucha
quédate tranquilo
estamos bien los dos

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Miércoles 22 de marzo, 2017








15 de marzo de 2017

Viaje a Montserrat

La Mejor Versión de Montserrat
Por Bertha Jacobson

̶  Cuando estuviste en Barcelona, ¿fuiste a Montserrat?
̶  ¡Ay, no tuve tiempo, pero me habría encantado, dicen que es muy bonito!

Escuché esos comentarios en varias ocasiones y, por el contrario, uno de los principales objetivos de mi viaje a España era ir a Montserrat y de pasada, visitar Barcelona. 

Desde la primera vez que vi fotos del lugar, se me metió en el corazón un deseo muy grande de visitarlo. Este remoto monasterio, que data del siglo X y se ubica en las cercanías de Barcelona, es un conjunto de edificios sencillos anidados en contra de unos riscos de piedra. A decir verdad, los edificios más modernos y austeros son, por sí solos, casi feos. Los peñascos sin los edificios son interesantes, pero la unión de los dos inexplicablemente forma un entorno mágico. Visto de cerca lo compararía a una mujer guapa con facciones burdas. Conozco a una chica de melena rebelde, frente amplia, ojos grandes algo saltones y nariz ancha. El análisis independiente de cada uno de sus rasgos no la hace hermosa y, sin embargo, en conjunto ¡posee una belleza cautivadora que llama la atención! Además de esa singular belleza externa, Montserrat posee un encanto interno que conlleva cientos de años de historia, arte, educación y servicio religioso.

El turista promedio viene desde Barcelona en una excursión de aproximadamente siete horas: tres de viaje y un máximo de cuatro para la visita. Entre las 10 y las 3 de la tarde Montserrat es un hervor de movimiento con centenares de turistas y decenas de excursiones escolares. Cámara en mano, la multitud hace fila para ver las principales atracciones: los niños cantores y la madona negra. Una hora en la basílica para el Canto de la Salve y el Virolai a cargo de la Escolanía (de lunes a viernes, a las 13h); fila de espera para pasar treinta segundos frente a la madona, fila de espera y dos minutos de tiempo dentro de la hermosa capilla diseñada a finales del siglo XIX en la que Gaudi participó como arquitecto asistente, más filas y media hora para el museo. Un rápido recorrido por la cafetería y la tienda de regalos y, si tienes suerte, puedes tomar el funicular hacia la cima de una montaña vecina para disfrutar de vistas extraordinarias del complejo monástico.

¡Rápido, que se nos acaba el tiempo!

Visitantes de todos los credos y creencias visitan Montserrat. El coro infantil atrae una audiencia diaria que abarrota el santo recinto. El religioso a cargo del servicio tiene que instruir a los presentes acerca del comportamiento apropiado dentro de un templo católico: no aplaudan, no tomen fotos, pónganse de pie, cúbranse los hombros desnudos.

Entiendo que para algunas personas es la única manera de visitarlo, pero francamente, si ésta hubiese sido mi experiencia de Montserrat, habría terminado totalmente decepcionada.

Justo al lado del antiguo monasterio hay dos hoteles modestos y sencillos. Nos hospedamos dos noches en el Hostal Abat Cisneros y tengo por seguro que esta decisión hizo de mi visita a Montserrat algo especial, magnífico y significativo.

Llegamos en la tarde cuando el último autobús de turismo partía cuesta abajo por una carretera empinada alrededor de la montaña. Éramos los únicos transeúntes en la explanada central donde un borde formado por cinco arcos de cantera permite admirar el valle y las formaciones rocosas. Nos recibió el imponente replicar de las campanas convocando a la víspera y el interior de la catedral, tenuemente iluminada, reverberó con las voces barítono y tenor de sobrios monjes en túnicas negras.  Los cirios ardían al compás de los cantos y los congregantes esparcidos por el templo éramos pocos.  En medio del servicio, dos hileras de túnicas blancas desfilaron hasta el altar y las voces angelicales del coro de niños nos emocionaron hasta la médula. Varios rostros se llenaron de lágrimas.

Disfrutamos de un encantador atardecer degustando queso, pan y vino en nuestra habitación y al día siguiente nos despertaron las campanas anunciando las oraciones matutinas. Nos deleitamos con un amanecer por encima de las nubes y me identifiqué con las águilas. Emprendimos una caminata solitaria por los senderos bien delineados que rodean el monasterio; entre ellos el vía crucis al aire libre con cada una de sus estaciones a nuestra disposición. 

Antes de la ocho visitamos la capilla, la madona y la cripta, abiertas desde las siete de la mañana. No tuvimos que hacer fila ni apresurarnos para dar paso a nadie, puesto que no había nadie esperando entrada y todavía faltaba una hora para que llegaran los primeros turistas del día.

Tuvimos la libertad de deambular sin prisa por la iglesia y admirar todas y cada una de las valiosas obras de arte. Nos deslumbramos con los paneles de mosaico rumbo al altar de la madona negra. La capilla octagonal en la parte posterior de la catedral nos acogió con un festival de luces de colores a través de los magníficos vitrales.

Gozamos de tiempo y espacio pleno para admirar el arte y disfrutar de la acústica del templo. El silencio del santuario nos invitó al recogimiento espiritual y la oportunidad de meditar y orar en este lugar tan especial.

Esa tarde compramos boletos en el funicular para subir a la cima y explorar varios de los senderos que llevan a diferentes miradores, ermitas o monumentos con vistas panorámicas de belleza incomparable. No teníamos prisa alguna por regresar pues oscurece hasta las 9 de la noche, era temporada primaveral y la brisa vespertina acariciaba nuestros rostros invitándonos a permanecer allí. Además, la habitación del hotel nos esperaba a pocos pasos.

La segunda noche cenamos en el restaurant del hostal. El excelente servicio de manteles largos, platillos deliciosos, como crema de espárragos y brocheta de pollo. acompañados de un buen vino y la convivencia familiar cerraron con broche de oro mi visita a Montserrat. Logré todos mis objetivos excepto el de conversar con alguno de los monjes benedictinos. Me habría encantado, pero no fue posible. Sin embargo sostuvimos una conversación breve y sustanciosa con un par de hermanas de 85 y 86 años respectivamente, quienes viven en Argentina y tienen décadas de hacer este peregrinaje cada primavera. Su sonrisa, optimismo y el cariño que sienten por este lugar mágico es contagioso.

Puedo decir con certeza que mi anhelada visita a Montserrat fue todo un éxito: inolvidable, serena, renovante y mística. Con el simple hecho de quedarnos en el hotel visitamos el lugar como peregrinos, no como turistas. Disfrutando del solitario lugar al atardecer y durante las primeras horas de la mañana vimos la mejor versión de Montserrat.

Mayo 27, 2016.

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Miércoles 15 de marzo, 2017